… nunca quise un trabajo de oficina en el estricto sentido de tener un jefe, cumplir con un horario, y pasar el día en un cubículo frente a un computador y un teléfono, y ver como la vida va transcurriendo, con el consuelo de “sacrificarse” por un sueldo quincenal…

Esto lo supe, cuando en una situación muy “apretada” de mi vida, tenía un trabajo en donde vendía seguros de vida por teléfono; hubo una semana de receso, al cabo de la cual el lunes siguiente, volvímos todos a la oficina. Yo tenía, (nisiquiera era mío, dependía del turno y lo compartía con otros compañeros), un cubículo en medio de un espacio poblado por cientos de otros cubículos como el mío. Era como si los sueños de todas esas personas sentadas a mi alrededor estuvieran ahí “encajonados” . El caso es que ese lunes en la mañana, todos se sentaron a mi alrededor en silencio. Cada uno hacía sus llamadas y hablaba, pero todo parecía estar en silencio, como si nadie hablara; era obvio que nadie quería estar ahí; yo al menos no quería esa vida.

En la medida en que el tiempo transcurre, comprendemo que el tiempo es muy corto, y eso es todo lo que tenemos: Tiempo. La pregunta es, ¿qué hacemos mientras ese tiempo transcurre? Debemos conocernos a nosotros mismos. Conocernos tanto, que sepamos qué el lo que realmente en la vida nos gusta y soñar con lograrlo.